¿Qué pasaría si dijera que ya no quiero seguir? ¿O que ya no puedo seguir…? no se cual sería la diferencia. ¿Qué pasaría si dijera que ya me canse de ver al sol salir y esconderse de la misma manera todos los días?
Qué pasaría si te digo que, cada vez que duermo, no puedo evitar pensar que no es más que un ensayo para el momento impostergable en el que ya no existiré más. Que mi cama se ha convertido en un adelanto del ataúd que va a albergarme eternamente.
Ya ni siquiera recuerdo la última vez que me sentí ser humano, tal vez fue a los 16 o 17 años. Quiere decir que llevo como mínimo 10 años de una existencia alienada.
Frecuentemente todas las cosas no son más que un maldito Deja Vu… aunque es verdad… los DejaVus no existen, es mi cerebro que me juega malas pasadas, o incluso podría estarlo haciendo sin intención de molestar, simplemente por estar defectuoso.
Todos somos víctimas de nuestro cerebro, la única diferencia es que a unos les toco un verdugo mas benévolo que a otros.
Tal vez llego el momento de aceptar que no soy lo suficientemente fuerte para muchas cosas, cosas que la mayoría de las personas dan por hecho. No soy lo suficientemente fuerte como para llevar adelante un mes.
No quiero tener que elegir entre lo malo o lo peor, entre ruinas o espacios no construidos, entre el hambre física o el hambre mental, ya ni siquiera quiero afecto, comprensión, palmadas en el hombro, sonrisas benévolas, palabras d liento, no quiero bastones que me ayuden a caminar, cuando lo mejor para mi seria arrastrarme por el piso.
Hace mucho tuve una agenda, pensé que lo único que le hacía falta a mi vida era un poco de orden, pero ese orden no lo necesitaba en una libreta, lo necesitaba en otra parte.
Aun así en la portada de la agenda puse una semilla de una planta extraña, ya ni recuerdo como se llamaba, pero la escogí porque se supone que era una planta que podía crecer en el desierto en condiciones en las que casi ninguna otra planta sobreviviría. Eso me recordaría constantemente que aun bajo la más fuerte adversidad la vida se podría abrir paso… pero yo no soy una planta, debí de haber nacido planta, tal vez así mi vida hubiera sido mejor… o por lo menos no tan miserable.
La agenda se desgastó La humedad, el descuido, la apatía y finalmente el mismo tiempo se encargaron de hacerla inservible… al igual que a mí. Alguien o algo se robo mi tiempo, muchos dirían que yo mismo me lo estoy robando, ojala fuera tan simple como eso, pero a estas alturas ya ni siquiera eso importa.
Sé que no hay manera de que el tiempo me sea devuelto, eso me gustaría, pero es imposible. Si no es posible que el tiempo regrese a mí, entonces también quiero que se lleven de mí el tiempo que me resta. No me interesa, y tampoco pienso usarlo, esa es una de las muchas cosas que la gente común da por hecho pero que no van conmigo.
Nada en mi vida hasta hoy ha tenido sentido, seguramente el mañana será igual.
Carlos Arizpe.